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El poder de Dios en su cuerpo

El poder de Dios en su cuerpo

Tuve una imagen mental de que alguien con dificultad en su cadera iba a ser sanada. La imagen era de alguien caminando con problemas, pero luego caminaba bien.

Esto que te relato ocurrió en mi último viaje de evangelización. En Fort Lupton, Colorado. Esta palabra de conocimiento en forma de imagen mental es como un aviso de Dios para que notemos lo que Él esta haciendo para bendecir a los habitantes de Su Reino.

Las palabras de conocimiento son como un aviso de Dios para que notemos lo que Él esta haciendo para bendecir a los habitantes de Su Reino.

Cuando lo comuniqué a los presentes (unas 120 personas) y pregunté si alguien se identificaba con lo que veía en mi mente, se levantó una persona con una torcedura corporal muy notable. Al verla me impresioné pues nunca había visto físicamente a esta persona, pero era exactamente lo que había visto ‘en el Espíritu’.

Las palabras de conocimiento son un llamado a la fe, tanto para quien recibe esta ‘revelación’ como para quien se identifica con lo que se describe. Al ver a la persona frente nuestro nos dimos cuenta que debíamos orar por ella imponiéndole las manos. La invitamos a pasara al frente, lo cual no hacemos mucho en asambleas, pues entonces todo el mundo quiere que ‘los del frente’ le impongan las manos y en asambleas de gran número esto no siempre es posible.

Las palabras de conocimiento son un llamado a la fe.

PERO esta persona necesitaba un tiempo más prolongado de oración. Al pasar al frente le preguntamos su nombre, le preguntamos el tiempo de padecimiento de este mal y le preguntamos si tenía algún tipo de dolor, además de que nos dijera si había sentido algo de parte de Dios al escuchar la descripción en la palabra de conocimiento. Ella nos dijo que al escuchar que describíamos su condición ella sintió mucha paz, calor y que era Dios bendiciéndola. (En ocasiones estos son signos de la acción de Dios).

La sentamos en una silla y comenzamos a orar tocando, con su permiso, su espalda en el lugar que ella decía que le comenzaba la torcedura del cuerpo hasta su cadera. Ella nos contó que a la edad de tres años le dio polio y esto le causó desde entonces que su cuerpo se fuese deformando, al pasar los años ella iba empeorando y perdiendo movilidad en su cuerpo. Mientras orábamos el Señor nos iba revelando más detalles personales de su vida, lo cual ya no anunciábamos a los demás presentes pues esto era algo privado que Dios quería sanar en ella.

Hemos aprendido a dar órdenes de fe. Estas órdenes no son a dirigidas a Dios, más bien son en Nombre de Dios. Decíamos: “En el Nombre de Jesús le ordenamos a los huesos, nervios, músculos de Olga recuperar la originalidad pensada por Dios al crearla. Restáurense en el Nombre de Jesús”. Luego de unos minutos de oración los huesos de Olga comenzaron a tronar. Dios, en el poder, de Su Espíritu Santo estaba recolocando los huesos donde debían estar.

Las órdenes de fe son mandatos en el Nombre de Dios.

Ella estaba muy emocionada, con lágrimas en sus ojos, sintiendo el poder de Dios en su cuerpo. Sanándola. Le invité a ponerse de pie. Nos había dicho al inicio que no sentía dolor, pero que había movimientos que no podía hacer desde niña. Al levantarse de la silla le dije que ejercitara la fe intentando hacer algún movimiento que antes de la oración no podía hacer. (He notado que mucha gente no recibe bendiciones de Dios porque omiten este paso en fe, moverse en el Nombre de Dios) y ella comenzó a doblarse de una lado a otro. A la izquierda a la derecha. Para mi nada extraño pero cuando le pregunté “¿Cuánto tiempo tenías sin poder hacer ese movimiento?” Su respuesta nos impactó: “Tenía 51 años sin poder hacer este movimiento”. Su cara de felicidad era indescriptible.

Mucha gente no recibe sanación pues no se mueven para probar en su cuerpo lo que Dios está haciendo. Dios no sana a estatuas.

Notamos que estaba mucho menos torcida que al principio. Por ello podía hacer este movimiento sin perder el equilibrio. Le pedimos que se sentara de nuevo y seguimos imponiendo nuestras manos y dándole órdenes de fe a su cuerpo. Hemos aprendido, y aún seguimos aprendiendo, que algunas condiciones y más cuando las personas tienen muchos años padeciendo de algo, es necesario más tiempo de ministración. Sus huesos seguían tronando, ella sentía como su cuerpo iba cambiando bajo el poder de Dios. Nosotros Irwin (quien me acompañaba y yo) parecíamos niños viendo como nuestro Padre cumple lo que promete.

Luego de unos minutos más le pedimos levantarse de la silla y probar algún otro movimiento que antes no podía realizar. Ella comenzó a levantar y flexionar la rodilla en su pierna izquierda. Nuevamente estaba feliz. Le pregunto: ¿Cuánto tiempo tienes sin hacer ese movimiento?” Responde: “Tenía 14 años sin poder hacer esto, me tenían que ayudar hasta para ponerme los zapatos”. ¡Gloria a Dios!

El Reino de Dios está aquí. Actuando poderosamente en los que esperan y se abren como niñitos. Vemos como todo inició con una palabra de conocimiento que nos movió a orar más por una persona. Me imagino cuando Olga llegó a su casa y su familia la vio caminar sin dificultad, casi derecha (Olga no se le quitó la torcedura en su totalidad, pero se fue como un 80% más derecha). Ya no necesitaba que le ayudaran a poner los zapatos, ya no necesitaba ayuda para no perder el equilibrio. Se podía mover con libertad. ¡Gracias Jesús!

¿Qué es lo que más te impacta de este testimonio? ¿Alguna vez haz dado alguna orden de fe en el Nombre de Jesús? ¿Por qué sí o por qué no? Escribe tu comentario más abajo.

NOTA: Si quieres comparte este testimonio.

Dios sana en los aviones

Dios sana en los aviones

¿Sabías que Dios también sana en los aviones? Te cuento. La semana pasada estuve viajando hacia los Estados Unidos. Andaba junto a mi amigo Irwin Féliz. Teníamos que hacer varias escalas hasta nuestro destino final. En nuestro primer vuelo a mi me tocó sentarme en el asiento del pasillo, a Irwin en el centro, y en la ventana una señora que jamás habíamos conocido. PERO Dios sí la conoce y nos sentó en la misma fila de asientos con un plan de Amor.

Irwin y yo estábamos hablando de todo un poco. De nuestras esposas, nuestros hijos, etc…la señora miraba por la ventana. DE REPENTE me viene la idea firme de que debíamos orar por ella. Se lo comento a Irwin y sin pensarlo mucho. (A veces pensar mucho las cosas nos detiene la obediencia a los deseos del Espíritu Santo). Le pregunto a la Señora su nombre. Nos dice que se llama Clara. Yo le digo que somos misioneros y sentimos que debemos orar por ella. Irwin le pregunta ¿Por qué quiere que oremos?

Ella dice: “Yo tengo un problema en la cervical, tengo que operarme, pero los médicos no se deciden porque la vértebra está apretando unos nervios”. Irwin que está justo a su lado le dice: “Podemos quedarnos con los ojos abiertos y tranquilos nadie tiene por qué darse cuenta que estamos orando”. (Esto lo decimos siempre que estamos en sitios donde comúnmente no se ora, centros comerciales, estacionamientos, aviones. Lo aclaramos para que la gente no se asuste). Ella accede y comenzamos a orar, sin tocarla siquiera. “Gracias Señor por Clara. Gracias por que tu Reino está aquí”. Mientras estábamos orando, el Señor me hace sentir una palabra de conocimiento “ella vive en Italia”. Interrumpo y le pregunto “¿Usted vive en República Dominicana o vive en Italia?” (El avión en que estábamos salía de Santo Domingo hacia Miami, donde era nuestra primera escala…no había ningún indicio de que ella iba a Italia, además de que Clara es una señora muy dominicana en su forma de hablar, de vestir, de gesticular). Ella abre sus ojos sorprendida y con cara de ‘cómo-usted-sabe’ dice “vivo en Italia”.

De repente sucede lo que llamamos ‘el efecto Kleenex’, luego de una palabra de conocimiento vienen otras más a complementar la primera. Así como las cajas de Kleenex que sacas uno y detrás viene el otro. “Veo una imagen de que ella tiene problemas con uno de sus hijo”…pero hemos aprendido a no ‘escupirle profecías en la cara a la gente’. Le pregunto “¿Usted tiene hijos?” Ella responde: “Tengo 5 hijos”. Seguimos orando “Señor…bendice a Clara a su familia, a sus hijos”.

Irwin le dice al oído algo que el Señor le estaba revelando sobre el problema con su hijo y ella primero se sonrie, luego, ya no aguantando más las lágrimas se echa a llorar. Dios está tocando fibras profundas de su corazón, le está mostrando Su misericordia y cuán pendiente está de sus problemas.

Irwin da un paso más atrevido y ahora es el momento para pedirle permiso para tocar su espalda y ser canales de sanación para su problema cervical. Irwin le pregunta y ella accede. Antes de continuar orando Irwin le hace otra pregunta: “¿En este momento tiene dolor?”. Ella responde que no, pero que en ocasiones le duele tanto que no puede ni mover el cuello. Yo me quedo en mi asiento. Ella se echa un poco hacia adelante, Irwin le toca la espalda y yo digo: “En el Nombre del Señor Jesús le ordenamos a la vértebra cervical moverse y a los nervios restaurarse”. Irwin le pregunta: “¿Siente algo?” y ella dice que cuando dí la orden de fe a su cuerpo sintió como un jalón dentro de su vértebra. Le explicamos que esto podía ser un signo de la sanación que Dios estaba haciendo, pero que ella tenía que confirmarlo con el médico. Ella dice: “Dios sabe cuanto necesito ser sanada de este problema”.

En ese momento Dios pone estas palabras en mi corazón para ella: “Clara, el perdón de Dios es muy amplio y real. Dios te ama y sabes que Él nunca te ha abandonado, en momentos haz sentido como te ha salvado de cosas graves, te ha sacado de debajo del camión y a pesar de las vueltas que haz dado en la vida Él sabe que en el fondo de tu corazón siempre haz querido serle fiel. Ahora notarás cuán cerca está de ti. En estas semanas notarás la poderosa mano de Dios, Su bendición y Su Amor”. Los tres para este momento teníamos los ojos llenos de lágrimas y el corazón hinchado por el Amor de Dios inundando el avión. En ese momento los tres hicimos silencio. Un silencio para ‘chupar’ la Presencia de Dios allí. Clara nos dio las gracias. Se puso unos lentes oscuros, no podíamos evitar el ver que de vez en cuando se limpiaba las lágrimas, ella en silencio seguía recibiendo de Dios.

Le doy gracias al Señor por la oportunidad que nos dio a Irwin y a mi de comprobar que el Reino de Dios también está en los aviones. De que su Poder no tiene límites. Gracias a Dios que Él conoce todo de nosotros y aún así nos ama. Nada le detiene. No hay límites para Su Amor y además el quiere sanar hasta en los aviones. Es más el quiere sanar en nuestros lugares de trabajo, lugares de estudio, familias. Hay que estar atentos a los deseos del Espíritu Santo para no perder oportunidades como esta y ver al Reino de Dios actuando.

Algunos pensarán al leer esto: “Cuanto me gustaría sentarme en un avión al lado de personas que escuchen a Dios para que oren por mí y me bendigan en Su Nombre”…PERO también podrías verlo desde otra perspectiva, la perspectiva de Dios que te dice: “Te voy a sentar allí para que seas una bendición para el que esté cerca tuyo…ve en mi Nombre”.

¡Ánimo! Dios te ha puesto allí para que lo representes…en ese trabajo, en esa familia, en esa escuela, en esa vida que tienes…Ve en Su Nombre.

¿Alguna vez haz sentido acercarte a orar por alguien en un lugar público fuera del contexto de la Iglesia? ¿Qué haz hecho? Deja tus comentarios más abajo y si quieres comparte este testimonio con tus familiares y/o amigos.

 

Conversando con mi obispo

Conversando con mi obispo

De vez en cuando mi obispo y yo nos reunimos (es una persona muy ocupada), pero en otras ocasiones hablamos por celular. Ayer hablamos por celular. Le llamé, no pudo tomarme la llamada y como a las 3 horas me llamó y conversamos como por 15 minutos.

Un obispo es un ‘descendiente’ de los 12 apóstoles. En la Iglesia tenemos la sucesión apostólica y también tenemos el mismo Poder que experimentaron los apóstoles.

Este Poder es el Espíritu Santo. En este planeta sólo algunas personas viven esta sucesión apostólica (los obispos) pero todos (los bautizados) podemos experimentar el Poder apostólico que nos da el Espíritu Santo para evangelizar.

En el organigrama de la Iglesia un obispo es aquel a quien Dios le ha dado por encargo pastorear las almas de una región específica. Mi obispo asesor se llama Ramón De La Rosa y Dios me ha regalado un verdadero ‘papá en el Espíritu’.

Acá te pongo algunos temas sobre los que hablamos luego de saludarnos y preguntarnos cómo estábamos. Le conté del recién nacimiento de mi segundo hijo.

Me contó que está bien de salud y contento con su labor apostólica.

1er Tema, mi libro Hablando con la montaña: Le digo, Monseñor ¿Recuerda que le envié hace años unos documentos sobre el ministerio de sanación para que me los revisara? Me respondió que sí…pues la Renovación Carismática de México decidió publicarlo como un libro, le agregué testimonios de sanaciones y ya está disponible en México. Le traje uno de regalo. Me dice que tenemos que publicarlo en mi país y que el estaría encantado de hacerme la presentación del libro.

2do Tema de nuestra conversación, estructura y apertura: Me dice, mira como son las cosas que tu libro es publicado primero fuera de tu país. Le comento que estoy viajando mucho a México y que en mi precepción es de los países donde hay una sana combinación entre ‘estructura y apertura’. Me dijo que le gustó esa frase que dije de ‘estructura y apertura’ que le sonaba al título de algo y que lo escribiría. Comentábamos de comunidades y ambientes en renovación que son tan estructurados que se ‘petrifican’ impidiendo al Espíritu Santo obrar y otras se van al otro extremo son tan abiertas y flexibles que se rompen en varios pedazos. Hay que encontrar el punto medio.

3er tema de nuestra conversación por celular, mi próximo viaje: Le cuento que este próximo fin de semana voy a Fort Lupton, Colorado a predicar sobre el Reino de Dios y a impartir un curso sobre Mc 16,17-18 a servidores. Un curso sobre las señales que acompañan ‘solamente’ a los que creen. Me dice que bueno que vas y me bendijo. Sus palabras fueron: “Que vayas en las alas del Espíritu y que te use el Señor con Poder’.

Sé que este viaje va a ser muy especial. (No deja de ser un sacrificio al ser en nuestra familia nuestro primer viaje dejando yo en casa a mi esposa con un niño de 5 años y otro de apenas un mes). PERO Dios nos bendecirá a mi y mi hermano Irwin que iremos a servir al Rey Jesús en Su Poder. Además vamos a la parroquia de un sacerdote amigo a quien hace mucho que no vemos.

P.D: Si estás interesad@ en el libro Hablando con la montaña puedes adquirirlo en formato digital en PDF dando click aquí, si lo quieres para kindle, es decir en formato MOBI haz click acá y si lo quieres en Epub para iBooks clickea aquí.

Más adelante les cuento como nos fue. ¿Te interesa saberlo? Si tienes algún comentario sobre nuestra conversación puedes ponerlo aquí abajo y claro que puedes compartir este escrito con quien quieras.

Dios lo eligió entre burros

Dios lo eligió entre burros

 ¿Sabias que eres un rey o una reina? Ser rey y no tener un reino es como ser vaquero y no tener caballo.
O es como ser un jugador de futbol que siempre se la pasa en la banca, nunca juega. Sólo mira y opina sobre los demás jugadores. 

También un rey que no enfrenta sus batallas al final pierde la guerra. Una guerra tiene varias batallas dentro, la suma de las conquistas de distintas batallas resultan en la victoria final.

En el Antiguo Testamento encontramos la historia del rey Saúl. Se nos cuenta como fue ungido para ser rey, salió de su casa a buscar unos burros que se habían perdido y encontró un reino que nunca había buscado. Dios lo eligió entre burros. Fue el primer rey de Israel, ganó varias batallas pero en el camino de su reinado perdió la escucha al Señor y perdió la unción que Dios le dio inicialmente. ¿Alguna vez haz sentido que perdiste la unción o bandición que en un momento Dios te dio? ¿Qué haz hecho al respecto? (Escribe tu comentario más abajo).

En el Nuevo Testamento se nos habla de los reyes de oriente que guiados por una estrella se acercaron a un Rey Superior para rendirle sus reinos. Estos aparentemente andaban buscando ‘un nivel superior de reinado’ es como si ya estaban aburridos de reinar en sus reinos, dejaron sus reinos y salieron a la búsqueda de un reino superior, buscaban el Reino de Dios.

Lo curioso es que ellos salieron buscando pero en realidad eran los buscados. Dios fue quien envió la estrella para buscarlos. Para sacarlos de ‘su comodidad’ para sacarlos de su reinito y hacerlos verdaderos profetas, sacerdotes y reyes.
¿Es tu vida cristiana aburrida o monótona? ¿Necesitas un nuevo reto de fe? (deja tu comentario más abajo)

Jesús es el buscador de reyes perdidos, buscador de reyes sin reino, es El el buscador de los reyes que se han aburrido en sus zonas de comodidad. Todos nosotros por el bautismo estamos llamados a reinar con Él. Pero para entrar a este Reino de Dios debemos dejarnos encontrar por Él. Dejarse encontrar quiere decir dejar ‘los burros’. En ocasiones tenemos la mirada puesta en ‘burros’ mientras Él nos ofrece Su Reino.

Reinar con Él en el Reino de Dios significa colaborar. Co-laborar es laborar con Él. No es laborar sin Él, sino todo lo contrario. Cuando laboramos con Él o en Él se nota Su unción, Su Poder. La Presencia del Rey es notable a través de los que reinan bajo Su Reino. ¿Cuándo fue la última vez que oraste en Su Nombre por un enfermo? Eso es colaborar con Él.

Al rededor nuestro hay muchas batallas, muchas conquistas pero si no dejamos que ‘la estrella’ nos guíe hacia Él seguiremos aburridos. Muchos reyes bautizados jamás usan sus espadas, el miedo y no la fe les domina, prefieren seguir cómodos en su aburrimiento que arriesgarse a salir de allí.

La palabra reino significa dominio, Dios quiere que Su dominio cubra nuestros pequeños ‘dominios’. Es decir Su Reino en nuestros reinos, en nuestra casa, trabajo, relaciones, estudios, sueños, etc…sin esto estamos perdidos, sin estrella, sin reino, sin Rey.

Señor llámanos a salir de dónde he estado. Llámame a ti. Encuentrame donde estoy y llévame a donde estás. Ayúdame a usar la espada de tu Palabra. No la quiero dejar guardada quiero reinar contigo y ver el fruto de tu Amor a través mío. Amén.

 

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