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Me pasé junto a mi comunidad todo un fin de semana con mi obispo y el Director Provincial de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo a la que pertenezco ya hace varios años. Quiero contarte lo que estuvimos ‘cocinando’, es decir hablando y planificando. Tuvimos varios momentos de oración en los cuales el Señor nos habló proféticamente y las intervenciones de Mons. De la Rosa y Carpio (quien es el asesor oficial de la Comunidad Marcos, comunidad/ministerio dependiente de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo).

Todo el fin de semana estuvo enmarcado en estos 4 temas, son para nosotros como los 4 puntos cardinales que nivelan la brújula de nuestro quehacer comunitario:

1. La Misericordia de Dios:
Tanto las prédicas de Monseñor de la Rosa como las de nuestro Director Provincial Reynaldo Gonzalez, así como varias palabras proféticas giraban en torno a la Misericordia de Dios y cómo estamos llamados a ser canales de Su Misericordia para los demás. En las predicas nos recordaban que además de que el Papa Francisco nos introdujo al Año Jubilar de la Misericordia nuestra comunidad está fundada en buscar, obedecer y hacer lo que brota del corazón de Dios. Y nuestra comunidad tiene un llamado específico a la Misericordia de Dios pero desde el principio a tenido un enfoque a la asistencia de los que sufren de enfermedades. PERO nuestro obispo fue muy enfático en que nosotros no asistimos a los enfermos del cuerpo como médicos, nosotros asistimos a los enfermos con el Poder del Señor, nosotros no asistimos a los enfermos en su interior como sicólogos sino con el Poder del Espíritu Santo y esto nos lleva al próximo punto.

2. Evangelizar con Poder:
Me impactó cuando nuestro obispo nos dijo: “En la época de Jesús ya las personas se reunían en torno a la Palabra de Dios en las sinagogas, la diferencia de Jesús es que predicaba la misma Palabra de Dios que todos ya conocían PERO con Poder del Espíritu Santo”. De la misma forma hoy día dentro de la Iglesia hay diferentes movimientos, comunidades y/o espiritualidades pero mi comunidad tiene la misión de evangelizar con Signos, es decir con señales que indiquen el Poder del Rey Jesús en medio nuestro. Otros evangelizarán con métodos o con dinámicas o con meditaciones, etc…pero nosotros debemos dejar al Espíritu Santo fluir con Sus carismas de Poder (carismas de sanación, carisma de fe carismática, carisma de discernimiento de espíritus, carismas de Milagros). Una evangelización sin signos del Poder de Dios no es el llamado o la misión de nuestra comunidad.

3. Enfrentar al diablo es inevitable:
Otro tema conversado en este fin de semana fue sobre ‘guerra espiritual’ o los enfrentamientos o choques contra el maligno y sus espíritus malos. Algunos hermanos de comunidad comentaban que orando por los que sufren sentían en ocasiones que algunas personas estaban atacadas no sólo por enfermedades sino por demonios y que ellos no se sentían preparados para hacer liberación. A lo que nuestro obispo respondió: “Pues si no se sienten preparados, prepárense y no dejen de orar por liberación”. Nos comentaba que los enfrentamientos con el diablo son inevitables pues el anda ‘como león hambriento en busca de los no preparados’. Nos dio dos enseñanzas muy básicas para enfrentar a los espíritus malos: a) Con los espíritus no se habla, se les echa fuera. (si nos ponemos a escucharles nos engañarán). b) Aunque los demonios intenten asustarlos no les tengan miedo. (son como perros bullosos pero que huelen el miedo y muerden sólo al que se deja morder).

4. No ser susceptibles al rechazo:
En la homilía nuestro obispo nos decía que este ‘manera de vivir la fe’ podría engendrar rechazo en algunos ambientes de la Iglesia, pero que no nos detuviéramos por ello. Que en caso de que se nos cerrara una puerta que entonces buscásemos por otra parte la puerta abierta. Nos animó a la humildad de tener un tesoro que compartir: ‘El Poder Sanador y liberador del Señor’ para sanar a las ovejas heridas pero sabiéndonos simples siervos de Dios. Nos recordaba como Jesús fue rechazado por los ‘suyos’ y cómo S.Pablo también pero por esto ninguno de ellos dejó de cumplir con Su misión. Nos dijo: “Jamás dejen de hacer lo que les toca. Ni por pena, ni verguenza, ni por miedo. No echen para atrás ni para coger impulso”.

Curiosamente me comentaba mientras tuvimos la comida final del fin de semana que durante nuestro retiro se nos presentó orar por dos personas enfermas que se acercaban a pedir oración. Estábamos en una casa de retiro grande donde habían personas de otros ambientes de la Iglesia que al enterarse de que estábamos ahí se acercaban a pedir oración. Mi obispo me decía que esto era una confirmación de que a esto estamos llamados: “A orar por los que sufren de dolencias de todo tipo”.

También nuestro obispo nos pidió escribir un libro comunitario relatando los testimonios que hemos visto cuando oramos por los que sufren. Inclusive nos dio el título del libro. ¿Te gustaría leer un libro como este?